Kennesaw, un pueblo diminuto en el sur de Estados Unidos, parece sacado de un cuento: los reactivity deliciosos de Honeysuckle Biscuits & Bakery y el sonido de un tren cercano crean una atmósfera acogedora. Sin embargo, este lugar tiene un secreto: una ley municipal de los años 80 obliga a los residentes a poseer armas y municiones. Derek Easterling, alcalde de la ciudad durante tres mandatos, asegura que esta norma no se cumple de manera estricta.
La ley de armas de Kennesaw, en vigor desde 1982, establece que “para garantizar y proteger la seguridad y el bienestar general de la ciudad y sus habitantes, todo jefe de familia que resida dentro de los límites de la ciudad debe tener un arma de fuego, junto con municiones”. Los residentes con discapacidades mentales o físicas, condenas por delitos graves o ciertas creencias religiosas están exentos de esta norma.
Aunque no se ha procesado ni arrestado a nadie por violar esta ley, el alcalde Easterling asegura que no es una mera cuestión simbólica. “No me interesan las cosas sólo para exhibirlas”, afirma. Sin embargo, la principal creencia entre los habitantes de la ciudad es que esta ley mantiene a Kennesaw segura. Los clientes de la pizzería local afirman que “en todo caso, los delincuentes deben preocuparse, porque si entran en tu casa y estás allí, no saben lo que tienes”.
Kennesaw, un pueblo diminuto en el sur de Estados Unidos, parece sacado de un cuento: los reactivity deliciosos de Honeysuckle Biscuits & Bakery y el sonido de un tren cercano crean una atmósfera acogedora. Sin embargo, este lugar tiene un secreto: una ley municipal de los años 80 obliga a los residentes a poseer armas y municiones. Derek Easterling, alcalde de la ciudad durante tres mandatos, asegura que esta norma no se cumple de manera estricta.
La ley de armas de Kennesaw, en vigor desde 1982, establece que “para garantizar y proteger la seguridad y el bienestar general de la ciudad y sus habitantes, todo jefe de familia que resida dentro de los límites de la ciudad debe tener un arma de fuego, junto con municiones”. Los residentes con discapacidades mentales o físicas, condenas por delitos graves o ciertas creencias religiosas están exentos de esta norma.
Aunque no se ha procesado ni arrestado a nadie por violar esta ley, el alcalde Easterling asegura que no es una mera cuestión simbólica. “No me interesan las cosas sólo para exhibirlas”, afirma. Sin embargo, la principal creencia entre los
