La unidad que durante 27 años definió a la revolución nacionalista de Venezuela, encapsulada en el lema “¡Unidos, venceremos!”, atraviesa su momento más crítico. Tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado enero, la coalición que integraba a militares, ideólogos y diversos sectores del oficialismo ha comenzado a fracturarse, dejando al descubierto profundas divisiones internas bajo la administración de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Un cambio de rumbo bajo escrutinio
Desde que asumió el cargo, Rodríguez ha implementado una serie de medidas que marcan un distanciamiento notable con el legado chavista. Estas acciones incluyen la reforma de la industria petrolera —ahora abierta al capital privado bajo la supervisión del gobierno de Donald Trump—, la liberación de presos políticos y una reestructuración del gabinete que ha resultado en la destitución de varios ministros.
Este giro hacia una relación más cordial con Washington ha generado una creciente desaprobación entre los sectores más leales al chavismo. El descontento se hizo evidente tras la autorización de ejercicios de entrenamiento del ejército estadounidense en Caracas y la deportación de un exministro para enfrentar procesos penales en Estados Unidos. Para figuras como el exvicepresidente Elías Jaua, estas decisiones representan una situación “humillante” y una posible “administración colonial” del país.
El lema “¡Unidos, venceremos!” ha sido el eje central de la identidad política del movimiento chavista durante más de dos décadas, utilizado consistentemente en mítines, televisión estatal y actos oficiales para reforzar la lealtad al gobierno y su postura histórica de oposición frontal hacia Estados Unidos.
Luchas de poder y sospechas de traición
La falta de un consenso ideológico claro ha transformado la crisis actual en una pugna por la supervivencia y el control de los recursos, según observadores como Andrés Izarra. A medida que las estructuras de poder se reordenan, han ganado fuerza los rumores sobre una supuesta traición interna que facilitó la captura de Maduro. Esta narrativa ha sido alimentada por figuras como la diputada Iris Varela, quien ha sugerido públicamente que existió una complicidad dentro del propio gobierno para entregar al exmandatario.
Por su parte, voces como la del ex presentador Mario Silva han cuestionado la soberanía de las decisiones tomadas bajo la actual administración, sugiriendo que la influencia de la embajada estadounidense es determinante en la política nacional. Aunque las protestas callejeras contra estas maniobras han registrado una participación mínima —un hecho inusual en un país con una larga historia de movilizaciones masivas—, el debate se ha trasladado incluso a espacios de la televisión estatal.
La desarticulación de la narrativa de unidad monolítica sugiere que la estabilidad del gobierno de Rodríguez depende ahora menos de la lealtad ideológica y más de la gestión de las nuevas alianzas económicas y políticas con el exterior. La creciente desconfianza interna y las sospechas de traición podrían complicar la consolidación de su mandato frente a los sectores más radicales del chavismo.
¿Qué sigue para Venezuela?
El futuro del país permanece incierto ante la falta de pruebas sobre las teorías de traición interna y la persistencia de la crisis económica que ha provocado la salida de 7,7 millones de venezolanos. Es probable que la administración de Rodríguez continúe enfrentando presiones tanto de los sectores que exigen un retorno a la retórica antiimperialista como de aquellos que buscan mantener el acceso a las estructuras de poder bajo el nuevo modelo de gestión petrolera. La legitimidad de este nuevo orden, supervisado por Washington, seguirá siendo el principal punto de fricción en la política interna venezolana.
Frequently Asked Questions
¿Qué ha cambiado en la industria petrolera venezolana?
Tras la captura de Maduro, el gobierno de Delcy Rodríguez ha impulsado leyes en la Asamblea Nacional para abrir la industria petrolera al capital privado, bajo la supervisión de la administración de Donald Trump, quien gestiona las ventas de crudo y los ingresos resultantes.

¿Por qué existen sospechas de traición dentro del oficialismo?
Figuras políticas como la diputada Iris Varela han afirmado públicamente que la captura de Maduro fue facilitada por individuos dentro del propio gobierno, basándose en la creencia de que una operación de tal magnitud requería una complicidad interna, aunque hasta la fecha no se han presentado pruebas que sustenten estas acusaciones.
¿Cómo han reaccionado los antiguos aliados del chavismo ante los ejercicios militares de EE. UU.?
La reacción ha sido de repudio, con figuras como Elías Jaua denunciando la situación como una ocupación humillante. Asimismo, se han registrado protestas simbólicas con una participación mínima en Caracas, donde los manifestantes han expresado su rechazo a la presencia de aeronaves militares estadounidenses.
¿Cree usted que la fragmentación del chavismo es una consecuencia directa del cambio en el liderazgo o un proceso de desgaste que era inevitable tras años de crisis?
