‘She Blended into Cityscape; Never Saw a Patrol Car’

by Chief Editor

En la ciudad de Culiacán, Sinaloa, un joven llamado Mario Fernando encontró una situación inusual en la que se vio obligado a vivir. Antes de mudarse a la ciudad para estudiar en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), le advirtieron que no mirara fijamente a la “fábrica de salsas” en la calle donde viviría, y le prohibieron ver a la cara a las personas que ingresaban a esa casa. A pesar de estas extrañas advertencias, Mario Fernando decidió mudarse a Culiacán.

Durante su estancia en la ciudad, Mario Fernando descubrió que la “fábrica de salsas” en realidad era un narcolaboratorio. Él vio cómo ingresaban materiales químicos que eran transportados en camionetas blancas y cómo hombres descargaban las camionetas y ventilaban la casa por las mañanas. Por las noches, solo se veían las luces del interior encendidas, pero todo estaba cerrado. Para Mario Fernando, ese narcolaboratorio de Culiacán era solo una parte del paisaje típico de la ciudad.

Además de la operación del narcolaboratorio, Mario Fernando también notó la falta de policías en Culiacán. “Lo que a mí me sigue impressionando hasta la fecha es que en esas 5 semanas que viví en Culiacán yo no vi ninguna patrulla y ningún policía en ningún lugar”, afirma el joven.

Recientemente, el diario The New York Times publicó un reportaje sobre la producción de fentanilo en una casa en Sinaloa. Según el reportaje, las periodistas Natalie Kitroeff y Paulina Villegas entraron a un laboratorio clandestino operado por el Cártel de Sinaloa, el cual es señalado por el gobierno estadounidense

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